Muchas veces, al escuchar «educación sexual» lo primero en venirse a nuestras cabezas son temas como: el embarazo precoz, la anticoncepción, las enfermedades de transmisión sexual, etc. Si bien esos temas constituyen una problemática importante de afrontar, es preocupante que se encierre la sexualidad sólo en ello, en ciertos patrones que sólo nos limitan y condenan. Y al mismo tiempo es inaceptable que esto ocurra adentro de las organizaciones revolucionarias, pues son ellas mismas las que tienen el deber de luchar y acabar con estos estereotipos.
Empecemos por analizar un aspecto fundamental para poder desarmar todos estos patrones que nos han impuesto: las profundas diferencias entre sexualidad y reproducción. Desde muy pequeños, el sistema capitalista-patriarcal se ha encargado de hacernos creer que la manera correcta y «normal» de ejercer nuestra sexualidad es encerrándola en la reproducción. Por ejemplo, aceptando sólo las parejas heterosexuales, limitando las relaciones sexuales al coito vaginal, rechazando la masturbación y prohibiendo la libre elección de las mujeres de interrumpir embarazos no deseados, entre otras.




