Ya está la edición número 18 de Insumisas

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viernes, 2 de noviembre de 2012

LA SOCIALIZACIÓN DEL TRABAJO DOMÉSTICO NO DEBE QUEDAR FUERA DE LA LOT

Por: Susana  Gómez  Ruiz
Ya desde los primeros socialistas científicos, se establece una clara relación entre la superación del patriarcado y la construcción del socialismo. Claramente en “El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado” de F. Engels observamos que para la teoría marxista, el patriarcado no es una cuestión sólo de “mujeres”, sino que es un obstáculo esencial en la construcción teórico-práctica del socialismo. El patriarcado no es tratado por Engels como “un problema ético de inclusión”, como parecen comprenderlo en la actualidad algunos camaradas, sino en su relación directa con las bases esenciales constitutivas del capitalismo. Es decir, en su relación con el mantenimiento de la propiedad privada, de las clases sociales y de la contradicción “producción social vs. consumo privado”, que sustenta el régimen del trabajo asalariado y, por tanto, la reproducción del capital.
 ( pincha abajo y lee el artículo completo)

martes, 30 de octubre de 2012

MUJERES DE ARMAS TOMAR

Por: Eglimar Melero

La organización de las mujeres en las luchas armadas es motivada por las más crueles injusticias que el capitalismo perfila hacia nosotras, quienes en tiempos de guerras somos consideradas botín, y la única alternativa de lucha y resistencia es nuestra organización e incorporación a la causa revolucionaria. Ejemplo como el del ejército rebelde y su pelotón femenino son firmes pruebas de las capacidades de lucha, disciplina, constancia y conciencia política que alcanzamos las mujeres en procesos revolucionarios como el que libró nuestra hermana republica de Cuba durante finales de la década de 1950 contra la dictadura de Fulgencio Batista. Este pelotón femenino de revolucionarias en armas, que fue llamado “Mariana Grajales” (las marianas), es un precedente de los logros que la revolución aportó a la condición de vida de las mujeres cubanas a partir de 1959.

El espíritu inquebrantable en el combate, la valentía, la firmeza y disciplina de las mujeres que lucharon por acabar con las injusticias del régimen de Batista dan muestra de que la defensa de la patria es un deber y un derecho revolucionario tanto para hombres, como para mujeres. (continúa)

jueves, 18 de octubre de 2012

EXPLOTACIÓN POR CATÁLOGO

Por: Susana Gómez Ruiz

El capitalismo tiene modos de explotar a las mujeres muy directos y brutales, pero algunas veces utiliza formas muy sutiles, que son difíciles de percibir y atacar, como la que se camufla detrás de esa supuesta “manera fácil de obtener ingresos, siendo más boniiiiita todavía”.

Nos referimos a esas cadenas de ventas, que bajo la forma de “franquicias” de venta por catalogo de productos de belleza, limpieza, ropa, bisutería,… terminan embaucándonos, super-explotando nuestro trabajo, transforman nuestros vínculos de amistad, familiaridad y solidaridad en relaciones mercantiles, y que, al contrario que incrementar los ingresos familiares, los reducen y trasladan a empresas multinacionales que los sacan del país. Estas empresas, que funcionan a manera de sectas, comienzan estafando a algunas mujeres que serán en adelante las encargadas de perpetuar su propio embaucamiento e incluir a muchas más en la trampa, ya sea como clientas o como nuevas vendedoras.

Empresas capitalistas tipo Ebel, Avón, Jade …. no pagan salarios fijos, ni la hora trabajada, ni seguros sociales, no incurren en ningún tipo de inversión física y ni siquiera cubren los gastos de desplazamiento de sus vendedoras. Mientras, las mujeres atrapadas por estas “redes de estafa masiva” trabajan sin horario fijo, obligadas a “captar” a sus círculos familiares, laborales y de amistades más íntimos para provecho de este circuito mercantil informal.

martes, 24 de julio de 2012

Sobre el día internacional del trabajo doméstico



Por: Susana Gómez Ruiz

Esta semana estamos celebrando el día internacional de trabajo doméstico, pero ¿qué tiene de reivindicativa y combativa esta fecha? Desde Insumisas creemos que no demasiado si lo reducimos al “reconocimiento social” (y a veces económico) de ese trabajo, pero muchísimo si volvemos a los afortunados tiempos en que las reivindicaciones del movimiento feminista y socialista se concretaban en la abolición del mismo, a través de su socialización.

Creemos que el reconocimiento, por sí sólo, no cambia las condiciones materiales y políticas de una relación de producción determinada. El trabajo doméstico, tanto el que realizan las empleadas domésticas a cambio de muchas humillaciones y de un muy reducido salario, como el que realizamos una buena parte de las mujeres en nuestras casas, con bastantes humillaciones también, pero sin salario, sigue siendo un trabajo ingrato y aislado. Como dice la veterana feminista Lidia Falcón el feminismo socialista debe tratar de “liberar a las familias del trabajo doméstico, rutinario, repetitivo, sin compensaciones, y de una productividad tan minúscula como es el servicio diario a unas pocas personas, que se sigue realizando con los mismos protocolos que en las tribus de Jehová, por más lavadoras de que dispongamos.”

La solución general al problema no es, por supuesto, explotar a otra mujer más humilde que nosotras para traspasarla una parte de nuestra doble explotación. La salida socialista tampoco es el reparto de las tareas dentro del mismo espacio privado, ya que eso no elimina el carácter individual, privado, monótono, arcaico y aburrido de un trabajo servil que continua prestándose, ni siquiera bajo una racionalidad económica capitalista, sino antediluviana. Como nos recuerda Lidia Falcón: “El socialismo no es sólo expropiar los medios de producción de los propietarios privados para convertirlos en propiedad colectiva, es también acabar con la familia patriarcal inserta en el modo de producción capitalista, y, en consecuencia, socializar los servicios personales que presta”. Para ello es fundamental transformar el trabajo doméstico privado en industrias socialistas, en las cuales hombres y mujeres (entre ellas todas las empleadas domésticas hoy precarizadas y a veces tratadas como siervas) puedan trabajar con plenos derechos laborales y disfrutando de las ventajas de la cooperación social, la planificación y los avances tecnológicos.

lunes, 23 de julio de 2012

El capitalismo patriarcal nuestro principal agresor

Por: Susana Gómez Ruiz
El capitalismo presenta el tema de la violencia contra la mujer como un problema técnico, como algo que se puede solucionar con un tratamiento adecuado de estadísticas, con una buena gestión de las denuncias y con un programa asistencial que ayude a las mujeres a «rehacer su vida». A través de las ONGs y de los informes de organismos internacionales, el capitalismo pretende desviar las causas del problema y lavarse las manos. Nosotras, como mujeres socialistas y por tanto feministas, o viceversa, tenemos un reto fundamental que es comprender y explicar al resto de mujeres que la violencia patriarcal es uno de los fundamentos del sistema capitalista patriarcal. Que sin acabar con el sistema capitalista patriarcal, no vamos a poder acabar con la violencia contra la mujer, porque ésta no es una consecuencia indeseable del sistema capitalista, sino una necesidad vital para él.
La explotación de la mujer es absolutamente necesaria para la pervivencia del capitalismo y como cualquier otro tipo de explotación no se puede imponer, ni mantener sin violencia. La doble explotación capitalista sobre la mujer se manifiesta en salarios más bajos, puestos inferiores, precariedad, sumisión laboral y fundamentalmente a través de la apropiación gratuita del trabajo doméstico. Pero, así como la explotación de los obreros, de las obreras y del campesinado, implican estructuras represivas que ejercen la violencia directa e indirecta contra las clases explotadas; así también la doble explotación de las mujeres está asentada sobre estructuras represivas adicionales que reprimen, violentan y coaccionan a las mujeres desde niñas.

¿Tenemos las mujeres menos necesidades sexuales que los hombres?

Por: Susana Gómez
Históricamente, el sistema patriarcal ha necesitado mantener a las mujeres bajo su dominación para poder hacer uso a su antojo de su capacidad reproductiva, que equivale a decir, su capacidad de reproducir la fuerza de trabajo. Para ello, necesitaba negar a las mujeres la autonomía sobre su cuerpo y su sexualidad, lo que implicaba equiparar la sexualidad femenina con la procreación y consecuentemente, restringirla a la penetración vaginal, dejando de lado las diversas formas de experimentar la sexualidad. De esta forma, se nos impuso un esquema de sexualidad que funciona aún hoy, como uno de los ejes centrales para institucionalizar y «naturalizar» las relaciones de posesión y subordinación.
Aunque a veces se dice, que las religiones y las culturas antiguas identificaban la sexualidad en abstracto con la procreación o con el matrimonio, parece que era fundamentalmente la sexualidad femenina la que sufría esta condena, pues era la que se ligaba irremediable y exclusivamente con la procreación y el coito.
A fuerza de siglos de religión, represión, hogueras, cazas de brujas y obligaciones maritales, el resto de las manifestaciones de la sexualidad femenina habían acabado por «no existir». Ni siquiera se las consideraba pecado, porque lo que no existe no se puede nombrar y si se nombra, así sea para condenarlo, puede conducir a la curiosidad, que según la religión era la puerta del infierno. De esta forma, hasta hace relativamente poco tiempo, el clítoris no aparecía en los manuales de anatomía médica y cuando empezó a hacerlo, se relacionó con trastornos patológicos y con supuestas formas inmaduras de vivir la sexualidad. Sobra decir que la masturbación era considerada sólo cosa de hombres, el sexo oral, práctica exclusiva de la mujer hacia el hombre y el lesbianismo, algo absolutamente innombrable.

Revolucionando nuestra Sexualidad

Por Eglims Peñuela

Muchas veces, al escuchar «educación sexual» lo primero en venirse a nuestras cabezas son temas como: el embarazo precoz, la anticoncepción, las enfermedades de transmisión sexual, etc. Si bien esos temas constituyen una problemática importante de afrontar, es preocupante que se encierre la sexualidad sólo en ello, en ciertos patrones que sólo nos limitan y condenan. Y al mismo tiempo es inaceptable que esto ocurra adentro de las organizaciones revolucionarias, pues son ellas mismas las que tienen el deber de luchar y acabar con estos estereotipos.
Empecemos por analizar un aspecto fundamental para poder desarmar todos estos patrones que nos han impuesto: las profundas diferencias entre sexualidad y reproducción. Desde muy pequeños, el sistema capitalista-patriarcal se ha encargado de hacernos creer que la manera correcta y «normal» de ejercer nuestra sexualidad es encerrándola en la reproducción. Por ejemplo, aceptando sólo las parejas heterosexuales, limitando las relaciones sexuales al coito vaginal, rechazando la masturbación y prohibiendo la libre elección de las mujeres de interrumpir embarazos no deseados, entre otras.